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12 de abril de 2026 • 5 minutos de lectura

Homilética: el método sorprendente de preparación de sermones

La agonía de seleccionar un texto

Mientras que muchos predicadores de la era victoriana planearon cuidadosamente su serie de sermones con meses de anticipación, el método de preparación homilética de Charles Haddon Spurgeon dependía sorprendentemente de la guía inmediata y espontánea del Espíritu Santo. Con frecuencia agonizaba por la selección de un texto, a menudo esperando hasta el sábado por la noche para que un pasaje específico de las Escrituras se apoderara de su alma.

Lejos de ser una señal de falta de preparación, Spurgeon enseñó a sus estudiantes pastorales que esta demora era un ejercicio espiritual necesario. "La dificultad de decidirse por un tema, si os hace orar más de lo habitual, será para vosotros una bendición muy grande", explicó. Insistió en que un ministro debe "esperar en el Señor, escuchar lo que él hablaría, recibir la palabra directamente de la boca de Dios y luego salir como un embajador recién llegado de la corte del cielo". Para el "Príncipe de los Predicadores", orar profundamente sobre las Escrituras era la mejor forma de estudiar, actuando como "pisado de uvas en la tinaja de vino" y "fusión del oro del mineral".

Entrega extemporánea versus pensamiento extemporáneo

Spurgeon era famoso por subir al amplio púlpito del Tabernáculo Metropolitano con nada más que un breve bosquejo escrito en una pequeña hoja de papel. Advirtió fuertemente a sus estudiantes contra la práctica de leer manuscritos completos a una congregación, argumentando que las palabras deberían ser "extemporales", sugiriéndose naturalmente en el momento exacto de la entrega.

Sin embargo, hizo una distinción feroz y fundamental entre entrega extemporánea y pensamiento extemporáneo. Confiar en palabras espontáneas sin haber estudiado previamente el tema con rigor era, a su juicio, un acto de pereza intelectual y espiritual. "El discurso improvisado sin estudio es una nube sin lluvia, un pozo sin agua, un regalo fatal, perjudicial por igual para quien lo posee y para su rebaño", declaró, describiendo mordazmente la predicación no preparada como mera "tontería alargada" y "lugar común y corriente". El verdadero secreto homilético era "almacenar intensamente en la mente materia sobre el tema del discurso" a través de una investigación profunda, digiriendo mentalmente las verdades teológicas antes de subir las escaleras del púlpito.

Prescribir medicamentos para el rebaño

En la preparación de su sermón, Spurgeon evitó deliberadamente temas filosóficos abstractos o "sutilezas metafísicas", enfocándose en cambio en las necesidades prácticas e inmediatas de su congregación. Instruyó a los futuros ministros a considerar con afecto la condición espiritual de sus oyentes y a "prescribir la medicina adaptada a la enfermedad actual, o preparar la comida adecuada a la necesidad predominante".

Además, advirtió estrictamente contra la adaptación del sermón para halagar a los miembros ricos e influyentes de la iglesia. "No le den demasiada importancia al caballero y a la señora que se sientan en el banco verde", advirtió, recordando a sus estudiantes que un gran contribuyente financiero no es "todo el mundo" y que un predicador fiel debe mirar a los pobres en los pasillos con igual interés, seleccionando temas que los alegrarán en sus penas.

El horno de preparación

Los preparativos de Spurgeon el sábado por la noche fueron un horno de esfuerzo intelectual y espiritual. Aunque sus notas finales desde el púlpito fueron breves, fueron la culminación de una semana de lectura voraz y aguda observación pastoral. Creía que los sermones deberían ser "la sangre vital mental del predicador, la salida de nuestro vigor intelectual y espiritual". Debían ser elaborados como "diamantes bien tallados y engastados, preciosos, intrínsecamente, y con las marcas del trabajo", advirtiendo a sus alumnos: "Dios no permita que ofrezcamos al Señor lo que no nos cuesta nada".

Al combinar un estudio teológico intenso y concentrado con una confianza absoluta e infantil en el Espíritu Santo para las palabras exactas de la entrega, el método homilético de Spurgeon produjo miles de discursos que poseían tanto una profunda profundidad teológica como una urgencia electrizante y espontánea.


Bibliografía y Fuentes
  1. Spurgeon, Charles H. Conferencias a mis alumnos vol. 1. Londres: Passmore y Alabaster, 1875. [Documento PDF].
  2. Matos, Alderi Souza de. "Tesouro em vaso de barro: Charles Spurgeon e a palavra encarnada, escrita e proclamada". Fides Reformata 26, núm. 2 (2021): 9-25. Consultado el 14 de julio de 2026. [Documento PDF de CPAJ].
  3. La biblioteca Spurgeon. "Principios del proceso de preparación de sermones de Spurgeon". Seminario Teológico Bautista del Medio Oeste. Consultado el 14 de julio de 2026. Enlace.
  4. Drummond, Lewis A. "Los secretos de la predicación de Spurgeon". Revista de Historia Cristiana, número 29 (1991): 14-16.
  5. Grokipedia. "Carlos Spurgeon". Consultado el 14 de julio de 2026. Enlace.
  6. Kruppa, Patricia Stallings. "La vida y la época de Charles H. Spurgeon". Revista de Historia Cristiana, número 29 (1991). Consultado el 14 de julio de 2026.
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